La Tierra ha sido escenario de temperaturas tan bajas que parecen imposibles. La más extrema se registró en la Antártida, alcanzando los -89.2 °C en la estación soviética Vostok, en 1983.
Este récord se dio en una región aislada, donde la combinación de altitud, aire seco y noches polares prolongadas generó un frío sin precedentes.
Expertos señalan que escenarios similares podrían repetirse en zonas de la Antártida, especialmente durante inviernos con cielos despejados y vientos calmados. La radiación terrestre escapa sin obstáculos, provocando un descenso brutal de la temperatura.
Estos fenómenos son estudiados para entender mejor el cambio climático y cómo los extremos de temperatura afectan al planeta.
La cifra de -89.2 °C sigue siendo un récord mundial, un recordatorio de que la naturaleza puede llevarnos a límites inimaginables.