Lo que parece una escena extraña de la naturaleza es, en realidad, una sorprendente estrategia de automedicación animal. Diversos estudios han documentado que no solo los cuervos, sino más de 200 especies de aves, practican una conducta conocida como anting, un método natural para cuidar su salud y proteger su plumaje.
Cuando el ave se posa sobre un hormiguero, las hormigas reaccionan liberando ácido fórmico, una sustancia química con propiedades antisépticas, fungicidas y repelentes. Este compuesto funciona como una especie de “baño medicinal” que beneficia a las aves de múltiples maneras.
El ácido fórmico ayuda a eliminar parásitos como ácaros, piojos e insectos ocultos entre las plumas. Además, combate bacterias y hongos que podrían provocar infecciones en la piel o deteriorar el plumaje. Algunos especialistas también creen que esta sustancia proporciona alivio durante la temporada de muda, cuando el crecimiento de nuevas plumas genera irritación y sensibilidad.
Existen dos tipos de anting: el pasivo, donde el ave permanece inmóvil dejando que las hormigas recorran su cuerpo; y el activo, cuando el cuervo toma hormigas con el pico y las frota directamente sobre zonas específicas. Un ritual salvaje que demuestra que la naturaleza todavía guarda secretos capaces de sorprender a la ciencia.