No se trata solo de un enamoramiento intenso, sino de un estado mental involuntario marcado por una atracción romántica obsesiva hacia otra persona y una necesidad casi desesperada de que ese sentimiento sea correspondido.
Quien vive limerencia suele experimentar pensamientos constantes sobre esa persona, idealización extrema y un fuerte miedo al rechazo. Incluso puede presentar síntomas físicos como ansiedad, taquicardia, nerviosismo o euforia.
A diferencia de un crush pasajero, este fenómeno puede durar meses o incluso años, afectando la vida cotidiana y las decisiones emocionales. El término fue acuñado en 1979 por la psicóloga Dorothy Tennov, y especialistas lo relacionan con apegos emocionales inseguros.
¡Oso invade cancha de fútbol!