En plena era digital, escribir a mano parece cosa del pasado, pero la ciencia dice lo contrario.
La caligrafía activa áreas del cerebro ligadas a la memoria, el lenguaje y la concentración, logrando un aprendizaje más profundo que teclear en una pantalla.
Estudios, como uno de la Universidad de Princeton, revelan que tomar apuntes a mano mejora la comprensión y el recuerdo a largo plazo.
Además, esta práctica funciona como terapia: relaja, reduce el estrés y estimula la creatividad. En niños fortalece habilidades motoras y en adultos mantiene la agilidad mental. Bastan 10 minutos al día para redescubrir sus beneficios.