Entender los distintos tipos de incendios forestales no es un dato técnico más: es la diferencia entre reaccionar a tiempo o perder el control. Cada uno tiene un comportamiento propio y exige estrategias de combate específicas. Se clasifican, principalmente, según el estrato de vegetación que consumen, y pueden presentarse de forma simultánea, lo que complica aún más su control.
1. Incendios de superficie Se propagan de manera horizontal sobre el suelo, consumiendo pastizales, hojarasca y arbustos. Aunque suelen parecer menos espectaculares, dañan la base de los árboles y arrasan con la regeneración natural del bosque.
2. Incendios de copas (o aéreos) Son los más peligrosos, intensos y difíciles de controlar. Avanzan con rapidez, saltando de un árbol a otro, impulsados por el viento. Generan temperaturas extremas y pueden lanzar pavesas —partículas encendidas— que originan nuevos focos a grandes distancias.
3. Incendios de subsuelo (o subterráneos) Se desplazan lentamente bajo la superficie, casi sin llamas visibles, pero con presencia constante de humo. Son especialmente complejos de extinguir, ya que pueden permanecer activos durante semanas o incluso meses, resistiendo la lluvia o la nieve y reapareciendo cuando las condiciones se vuelven favorables.