Los gastos de fin de año ya se reflejan en las cuentas y, de pronto, se juntan pagos como servicios, colegiaturas, renta y tarjetas de crédito. A eso se suma que febrero es un mes corto, lo que hace que el dinero simplemente rinda menos.
Especialistas señalan que este periodo no solo impacta las finanzas, también el estado de ánimo, generando estrés y ansiedad. La recomendación principal es no entrar en pánico ni dramatizar la situación. Ordenar gastos, priorizar deudas, evitar compras impulsivas y hacer pequeños ajustes diarios puede ayudar más de lo que parece.
La clave está en la organización, la calma y el control de gastos hormiga. Con disciplina y una buena planeación, la cuesta de febrero es totalmente superable y se puede cerrar el mes con menos presión financiera.
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