Según la mitología, el dios Izanagi se sumergió en el mar para limpiarse tras visitar el mundo de los muertos, y de ahí surgió esta práctica que busca ordenar mente, cuerpo y espíritu. Con el tiempo, monjes y samuráis llevaron el ritual al límite, colocándose bajo cascadas heladas, algo así como el cold plunge original.
Pero hoy, Misogi va más allá del agua fría. Su esencia está en elegir un reto grande, significativo y desafiante, uno que tenga posibilidad real de fallar y que te saque de la zona de confort. No se trata de cumplir mil metas, sino de una sola que pueda cambiarlo todo: escribir un libro, lanzar ese proyecto pendiente, correr una carrera o aprender una nueva habilidad.
La regla es clara: si no da un poco de miedo, no es un Misogi. Y ojo, no es para demostrar nada a otras personas, es una experiencia personal, una competencia contigo.
¿Cuáles son los países que mexicanos pueden viajar sin visa en 2026?