Los límites son barreras emocionales y conductuales que protegen nuestro bienestar. Decir ‘no’ a una petición excesiva o a una relación desgastante no significa rechazo, sino cuidado personal. Especialistas señalan que la culpa surge porque confundimos límites con egoísmo. En realidad, establecerlos mejora la comunicación, previene abusos y fortalece vínculos sanos.
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