Se trata de oleaje elevado y constante que llega desde tormentas lejanas en el océano, incluso cuando el clima local parece tranquilo.
A diferencia de otras condiciones, el mar de fondo no depende del viento en la playa, sino de sistemas que ocurren a cientos o miles de kilómetros. Esto provoca olas largas, fuertes corrientes y resacas peligrosas, capaces de arrastrar personas, embarcaciones y mobiliario costero.
Autoridades suelen emitir alertas cuando se presenta, ya que puede generar cierres de playas y afectaciones a turistas. Si visitas el mar, es clave respetar señalamientos y evitar entrar al agua durante este fenómeno.
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