Este estilo de alimentación se basa principalmente en consumir frutas, verduras, legumbres y granos, pero sin eliminar por completo la carne. Es decir, puedes comer productos de origen animal de forma ocasional, reduciendo su consumo sin restricciones extremas.
Entre sus beneficios destacan la mejora en la salud cardiovascular, el control del peso y un menor impacto ambiental. Además, es una alternativa ideal para quienes buscan comer más saludable sin hacer cambios drásticos.
Expertos recomiendan llevarla de forma balanceada para obtener todos los nutrientes necesarios.
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