La costa de Guerrero es una de las zonas con mayor actividad sísmica del país y, desde hace años, es objeto de constante monitoreo debido a la Brecha Sísmica de Guerrero, un segmento geológico que ha mantenido en alerta a especialistas y autoridades de Protección Civil.
Esta brecha que se localiza entre Papanoa y el puerto de Acapulco, con una extensión aproximada de 230 kilómetros de largo por 80 kilómetros de ancho, se caracteriza por haber permanecido sin liberar energía sísmica significativa durante más de un siglo, lo que ha despertado inquietud tras los recientes sismos registrados en la región.
¿Qué es la Brecha Sísmica de Guerrero?
La Brecha Sísmica de Guerrero es un tramo de la zona de subducción donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa Norteamericana. A diferencia de otras áreas donde los sismos ocurren con mayor frecuencia, este segmento ha acumulado tensión durante décadas.
Entre 1845 y 1911 esta brecha fue responsable de seis sismos de gran magnitud, lo que demuestra su capacidad para generar terremotos mayores. Por esta razón, especialistas la han catalogado como una zona de alto riesgo sísmico, capaz de provocar afectaciones no solo en Guerrero, sino también en Morelos e incluso, la Ciudad de México.
¿Cuándo podría registrarse un megaterremoto en Guerrero?
Aunque la brecha lleva más de cien años sin un evento de gran magnitud, no es posible predecir con exactitud cuándo podría ocurrir un megaterremoto. La ciencia actual no permite establecer fechas ni asegurar que un sismo de gran magnitud sea inminente, aun cuando exista acumulación de energía.
Pero, ¿si no se ha activado esta brecha, significa que el próximo sismo será más fuerte?
Especialistas coinciden en que el prolongado silencio sísmico indica una liberación pendiente de energía, pero esto puede ocurrir de manera gradual o en un solo evento fuerte, sin que exista un calendario definido.
¿Hay que preocuparse por un megaterremoto tras los recientes sismos?
Los recientes movimientos telúricos en la zona costera de Guerrero no significan, por sí mismos, que un megaterremoto esté por ocurrir. Sin embargo, sí refuerzan la importancia de la prevención, la cultura de la protección civil y la preparación ante sismos, especialmente en zonas con antecedentes como Guerrero.
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