A diferencia de especies como el Pan troglodytes, los humanos evolucionamos con menos vello corporal para regular mejor la temperatura y adaptarnos a distintos climas. Con el tiempo, la selección natural favoreció piel más expuesta y mayor sudoración para enfriar el cuerpo.
En el caso de la barba, influyen factores hormonales (testosterona y DHT) y herencia genética. Algunas poblaciones desarrollaron más vello facial por variaciones evolutivas, mientras que otras conservaron rasgos más lampiños.
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