Cumpleaños, festivales, logros y momentos tiernos terminan en línea sin pensarlo mucho. A esta práctica se le conoce como sharenting y, aunque nace del orgullo y el amor, también tiene riesgos poco visibles.
Cada imagen deja una huella digital que puede permanecer por años. Fotos que parecen inofensivas pueden ser vistas, descargadas o utilizadas por desconocidos, incluso después de ser borradas. Además, muchas publicaciones revelan sin querer información sensible como nombres, ubicaciones o rutinas.
Especialistas advierten que esta sobreexposición puede afectar la privacidad, la identidad digital y la autoestima de los niños a largo plazo. Por eso recomiendan compartir con mayor conciencia, usar grupos privados y respetar el consentimiento de los menores cuando sea posible.
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