Según el Evangelio, durante la Última Cena, Jesús se levantó de la mesa, tomó una toalla y lavó los pies de sus discípulos. Un acto de humildad y servicio que sorprendió a todos, pues era tarea reservada a los siervos.
El lavatorio simboliza la entrega, la fraternidad y la igualdad. Jesús enseñó que quien quiera ser grande debe servir a los demás. Por eso, cada año, este rito nos recuerda que la verdadera autoridad se ejerce con amor y humildad.
En muchas iglesias, el Jueves Santo se repite este gesto: sacerdotes lavan los pies de doce personas, representando a los apóstoles. Hoy, se incluyen mujeres, jóvenes y adultos mayores, mostrando que el mensaje es universal.
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