Antes de la electricidad, las velas eran la principal fuente de luz. Entre ellas, las velas de cebo fueron de las más comunes.
El cebo es una grasa animal, generalmente de res o carnero, que se funde y se moldea alrededor de una mecha. A diferencia de la cera de abeja, el cebo era más barato y fácil de conseguir, lo que lo convirtió en la opción popular durante siglos.
Eran económicas y accesibles.
Tenían un color blanquecino o amarillento.
Se consumían rápido y producían humo oscuro.
Desprendían un olor fuerte al quemarse, poco agradable en espacios cerrados.
Las velas de cebo iluminaron hogares, iglesias y caminos en la Edad Media y hasta el siglo XIX. Aunque poco refinadas, fueron esenciales para la vida cotidiana antes de la llegada de la parafina y la electricidad.