La ciencia ha demostrado que la gratitud puede cambiar la materia gris, esa parte encargada de procesar emociones y memoria.
Estudios recientes revelan que practicar la gratitud activa áreas relacionadas con el bienestar y la empatía. Cuando agradecemos, nuestro cerebro fortalece conexiones neuronales que nos hacen más resilientes y positivos.
Entre los efectos más destacados están:
- Reducción del estrés y la ansiedad.
- Mayor capacidad de concentración.
- Incremento en la sensación de felicidad y satisfacción.
Los especialistas recomiendan ejercicios simples como llevar un diario de gratitud, agradecer a alguien cada día o reflexionar sobre lo positivo antes de dormir.
Un hábito tan sencillo como agradecer puede reconfigurar tu cerebro y tu vida. La gratitud no solo se siente, también se construye en nuestra materia gris.
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