Un estudio reciente advierte que la exposición prolongada al calor extremo acelera el envejecimiento celular. Las altas temperaturas provocan estrés oxidativo, inflamación y daños en el ADN.
Esto se traduce en una piel más deteriorada, mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y un desgaste general del organismo. En pocas palabras: el calor extremo no solo incomoda, también puede acortar nuestra calidad de vida.
Los investigadores señalan que el cambio climático está multiplicando estos escenarios, con olas de calor cada vez más frecuentes y peligrosas.
El hallazgo nos recuerda que enfrentar el cambio climático no es solo salvar al planeta, sino también proteger nuestra salud y nuestro futuro.
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