El fracking consiste en inyectar agua, arena y químicos a alta presión para fracturar rocas, lo que puede generar contaminación de mantos acuíferos, uso intensivo de agua y liberación de gases que afectan la calidad del aire.
Además, especialistas advierten que el fracking puede provocar micro sismos y dañar ecosistemas cercanos, afectando flora, fauna y comunidades locales.
Aunque la industria lo defiende como una fuente de energía, cada vez más voces alertan sobre sus riesgos y la necesidad de buscar alternativas más sostenibles.
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