Dormir no significa desconectar. El cerebro sigue trabajando: procesa recuerdos, regula emociones y mantiene funciones vitales. Cuando el estrés y la ansiedad están presentes, la mente se mantiene en alerta, impidiendo un sueño profundo y reparador.
- Estrés crónico: activa el sistema nervioso y altera los ciclos de sueño.
- Ansiedad: genera pensamientos repetitivos que impiden relajarse.
- Hábitos poco saludables: exceso de pantallas, cafeína o falta de rutinas de descanso.
- Alteraciones del sueño: como insomnio o despertares frecuentes.
El resultado es un descanso incompleto: te levantas agotado, con dificultad para concentrarte y arrastrando cansancio durante todo el día.
Dormir demasiado también afecta tu cerebro