Durante meses, Punch se refugiaba en su peluche como única compañía. Hoy, sus compañeros ya lo asean, cuidan y juegan con él, marcando el inicio de una etapa de integración y confianza.
Los cuidadores destacan que este avance es fundamental para su desarrollo emocional. El contacto con otros primates le permitirá crecer en un entorno más sano, con aprendizajes y juegos compartidos.
La historia de Punch se ha convertido en un símbolo de resiliencia y adaptación. Su transición de la soledad al compañerismo recuerda la importancia de la empatía y el cuidado en el bienestar animal.
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