Históricamente, el trabajo doméstico ha sido invisibilizado y considerado menor frente al empleo remunerado. Esto ha llevado a que muchas mujeres que deciden dedicarse al hogar sean vistas como si hubieran renunciado a sus aspiraciones.
Psicólogos y sociólogos señalan que ser ama de casa no es un fracaso, sino una elección legítima. El problema surge cuando se convierte en una imposición, sin alternativas de desarrollo personal o profesional.
Reconocer el valor del trabajo doméstico es clave: implica organización, cuidado, administración y un aporte directo al bienestar familiar. Los especialistas insisten en que debe dejar de verse como un rol secundario y empezar a valorarse como parte esencial de la economía y la sociedad.
EDITORIAL ENTRE LÍNEAS: Ser ama de casa, un trabajo invisibilizado