Ambos son filtradores, es decir, se alimentan de plancton y pequeños organismos suspendidos en el agua. No cazan peces grandes ni compiten entre sí por alimento.
Verlos nadar juntos no es casualidad: es una muestra de lo eficiente que puede ser el ecosistema marino cuando hay recursos suficientes para todos sus habitantes.
Este equilibrio nos recuerda que la biodiversidad funciona como una red interconectada, donde cada especie cumple un papel vital. Cuidar los océanos significa preservar estas relaciones que mantienen la vida en armonía.
El delfín rosado del Amazonas: el que no teme a nada