Debido a la gran cantidad de turistas que visitan el parque, los tigres reciben enormes cantidades de carne a diario. El resultado: estos depredadores, acostumbrados a cazar en la naturaleza, han comenzado a perder el interés en su alimento.
Lo que debería ser un momento de energía y emoción se ha convertido en rutina. La sobrealimentación altera sus hábitos naturales y plantea preguntas sobre el equilibrio entre espectáculo turístico y bienestar animal.
Los tigres de Amur son una especie en peligro de extinción, símbolo de fuerza y supervivencia. Su situación en Harbin recuerda la importancia de diseñar experiencias turísticas que respeten la naturaleza y preserven los instintos de los animales.
Persecución policiaca termina en el panteón de La Leona, en Cuernavaca