Los análisis confirmaron que la imagen visible corresponde a una versión pintada en 1885. Debajo, se conserva un paisaje anterior de 1884 con elementos arquitectónicos del pueblo de Nuenen, incluyendo dos iglesias. En 1886, ya en París, Van Gogh volvió a intervenir la obra, incorporando colores poco habituales en su etapa neerlandesa: azules cobalto, verdes viridianos y pigmentos rojos orgánicos.
La superficie presentaba grietas y un barniz envejecido que oscurecía la pintura. Solo tras confirmar la existencia de una capa intermedia de clara de huevo —resistente a los disolventes— fue posible retirar el barniz sin dañar las capas pictóricas.
La obra, adquirida en 1903, fue la primera de Van Gogh en ingresar a una colección pública en los Países Bajos. El hallazgo permitirá exhibir no solo la pintura restaurada, si no también documentación del proceso y obras relacionadas, mostrando la evolución técnica y artística del pintor.