No es solo una creencia popular: existe una base científica detrás de ese fenómeno, relacionada con la química y la física de la atmósfera. Cuando percibimos ciertos olores antes de la lluvia, en realidad estamos detectando señales reales de que las condiciones meteorológicas están cambiando.
En ocasiones, previo a una tormenta eléctrica, el aire puede oler más “limpio” o incluso ligeramente metálico. Esto ocurre porque las corrientes de aire descendentes de una tormenta cercana arrastran ozono desde capas más altas de la atmósfera hasta el nivel del suelo, lo que puede advertirnos de la lluvia incluso antes de que la tormenta llegue a nuestra ubicación.
Además, antes de que inicie la precipitación, el aire caliente tiende a ascender mientras el aire frío de la tormenta desciende. Este contraste genera ráfagas de viento repentinas, un fenómeno que con frecuencia anuncia la llegada de los aguaceros.