Manejar por ahí es como jugar a la ruleta: no sabes si vas a llegar a tu destino, al taller o directo a la vulcanizadora. Hay baches y zanjas que te sacuden hasta las ideas. Y por si fuera poco, cada que llueve, la vialidad se abre como en Avenida Universidad, que nomás ve una nube y ya se anda desparramando.
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