Lo que inicialmente se intentó minimizar y justificar ante la opinión pública como simples “gotitas”, hoy se confirma como una grave crisis ambiental. Tras más de dos meses de opacidad, las autoridades finalmente han reconocido su responsabilidad en el derrame de Pemex en el Golfo, un desastre que pone en evidencia las fallas de seguridad y comunicación dentro de la petrolera estatal. El incidente, que manchó las costas de Campeche, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, dejó de ser un secreto a voces para convertirse en una investigación penal.
El titular de Pemex, Víctor Rodríguez, tuvo que dar la cara y admitir públicamente que las áreas operativas negaron de forma sistemática la existencia de la emergencia. El origen del desastre ocurrió en la plataforma Abkatún, donde desde el 6 de febrero de este 2026 se había detectado la presencia de aceite. Sin embargo, la acción correctiva fue alarmantemente tardía.
La negligencia operativa que costó miles de litros
En un ejercicio de rendición de cuentas forzado por la presión pública, se reveló que la decisión operativa fue no cortar el flujo de inmediato. Pasaron ocho largos días hasta que, el 14 de febrero, finalmente se procedió al cierre de la válvula principal para detener la fuga de hidrocarburos. Mientras tanto, en las bitácoras de al menos ocho embarcaciones ya se había registrado el avistamiento de la mancha de crudo en el Golfo de México.
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