El club nació como Yanmar Diesel, pero en los 90 adoptó el nombre ‘Cerezo’, inspirado en la flor de cerezo de Osaka. En lugar de usar ‘sakura’, eligieron el término en español, ligando para siempre su identidad al idioma.
Con el tiempo, la afición incorporó trompetas, tambores y cánticos típicos de barras sudamericanas. En 2014, la llegada del uruguayo Diego Forlán detonó la conexión: las gradas comenzaron a corear frases como ‘¡Y dale, dale, Osaka!’.
La relación con México se remonta a los Juegos Olímpicos de 1968, cuando Japón ganó bronce en fútbol con Kunishige Kamamoto, figura del Yanmar Diesel. Además, las barras japonesas se inspiraron en la pasión de aficiones mexicanas como América y Monterrey.
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