La magnitud es un valor único que mide la energía liberada en el epicentro. Se calcula con instrumentos y no cambia según el lugar. La intensidad, en cambio, describe cómo se sintió el sismo en cada zona: si hubo daños, si la gente lo percibió fuerte o leve.
Un terremoto de magnitud 7 puede sentirse con intensidad leve en ciudades lejanas, pero devastador en la zona cercana al epicentro. Por eso, ambos datos son necesarios para entender el impacto real.
Magnitud e intensidad son dos caras de un mismo fenómeno. Conocerlas nos ayuda a comprender la fuerza de la Tierra y a prepararnos mejor ante lo inevitable.
Japón, tierra de sismos: Los sismos que más han impactado