Los humanos hemos sentido un miedo que parece instintivo cuando nos llegamos a quedar a oscuras, ya sea por un apagón, el momento de la noche, o ingresar a un espacio sin iluminación. A pesar de que parece ser común, no se trata de un temor tomado de la infancia, pues algunas investigaciones apuntan a que podría venir desde la época de las cavernas.
¿Por qué la evolución nos programó para tenerle miedo a la oscuridad?
Nuestros antepasados vivían en entornos donde la visión diurna era su principal ventaja, pero de noche quedaban prácticamente ciegos frente a depredadores nocturnos como que cazaban con mayor eficacia en la oscuridad. Quienes experimentaban ansiedad en la oscuridad tendían a buscar refugio, mantenerse cerca del fuego y alertas ante ruidos, lo que aumentaba sus probabilidades de supervivencia y reproducción.
Con el tiempo, esta respuesta de se codificó genéticamente a través de la selección natural, por lo que el miedo a la oscuridad se convirtió en un rasgo adaptativo heredado de nuestros ancestros prehistóricos. Estudios científicos sobre la evolución han confirmado que esta predisposición biológica persiste porque favoreció la supervivencia durante cientos de miles de años.
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