En el juego de jerarquías familiares, ser el hijo de en medio puede sentirse como estar en tierra de nadie: no eres el primogénito que abrió camino, ni el benjamín que recibe mimos extra. Estudios sugieren que esta posición influye en el vínculo con los padres, en la autoestima e incluso en la personalidad. Falta de atención, comparaciones y sentimientos de vacío son algunos efectos que pueden arrastrar hasta la vida adulta, aunque no todo es negativo: también desarrollan independencia, adaptabilidad y un lazo único con sus hermanos.
GUIÓN: ALEJANDRA DOMÍNGUEZ
VOZ EN OFF: ALEJANDRA DOMÍNGUEZ
EDICIÓN: ALÍ GARCÍA
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