El veneno del alacrán es una neurotoxina que afecta directamente el sistema nervioso. Al entrar en el cuerpo, provoca una sobreestimulación de los nervios, generando síntomas que pueden escalar rápidamente.
Los síntomas principales son:
Dolor intenso y entumecimiento.
Salivación excesiva.
Visión borrosa.
Dificultad para respirar.
Taquicardia y convulsiones.
En casos graves: paro respiratorio o falla multiorgánica.
Los niños pequeños son los más vulnerables, ya que su bajo peso corporal acelera los efectos del veneno.
El tratamiento específico es el suero antiescorpiónico, que neutraliza las toxinas.
Debe aplicarse lo más pronto posible en un centro médico.
Además, se recomienda:
- Medicamentos para convulsiones.
- Oxígeno y monitoreo hospitalario.
En regiones como Morelos y Guerrero, donde los alacranes son comunes, la prevención es clave: revisar ropa y zapatos, mantener limpios los hogares y acudir de inmediato al hospital ante cualquier picadura.