Hay tres tipos. La amnesia disociativa borra recuerdos ligados a eventos traumáticos. El trastorno de identidad disociativo, antes llamado “personalidad múltiple”, fragmenta la identidad. Y la despersonalización-desrealización distorsiona la percepción del tiempo, el entorno… o uno mismo.
Muchas veces, experiencias extremas en la infancia: maltrato, abuso o crecer en entornos violentos. El cerebro, en defensa, desconecta.
Hablarlo, entenderlo y buscar ayuda es clave. Estos síntomas no son “exageraciones”, son señales de una mente intentando sobrevivir.
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