Cuando una planta enfrenta un cambio brusco —como el clima, una plaga o un mal manejo— entra en un estado de “estrés”. Ese desequilibrio, lejos de ser malo, activa un sistema de defensa natural: la producción de moléculas con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y protectoras... ¡que los humanos podemos aprovechar!
Investigadores han encontrado que inducir ese estrés de forma controlada, incluso después de la cosecha, puede convertir frutas y verduras en super alimentos. ¿Cómo? Exponiéndolos a temperatura, luz o rallándolos estratégicamente.
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