Laderas empinadas, tierra suelta y lluvias torrenciales son una receta mortal. Los deslizamientos de tierra —y su versión más rápida y violenta, los aludes de barro— han afectado a comunidades enteras en nuestro Estado.
Ocurren cuando la tierra saturada de agua pierde estabilidad y se desliza cuesta abajo, llevándose todo a su paso. Arroyos turbios, árboles inclinados y sonidos como estruendos pueden ser señales de alerta.
El peligro no sólo está en la montaña. Carreteras pueden hundirse, caminos cerrarse y casas quedar sepultadas en cuestión de segundos. Muchas veces, estos fenómenos se disparan tras incendios forestales o modificaciones humanas del terreno que eliminan la vegetación protectora.
¿Qué hacer? Escucha medios oficiales y sigue las recomendaciones. Observa cambios en la tierra o el agua. Si ves rocas cayendo o lodo avanzando ¡sal del camino! Corre hacia zonas altas, no hacia donde fluye el lodo. Refúgiate en un lugar firme.
La naturaleza no negocia. Pero con información y acción, sí podemos reducir riesgos.
Este temporal, mantente alerta y cuida a los tuyos.
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