El origen se remonta a la Epifanía, cuando los Reyes Magos visitaron al niño Jesús guiados por la estrella de Belén. En Europa, durante la Edad Media, se comenzó a hornear un pan circular adornado con frutas cristalizadas, que representaban las joyas de las coronas de los Reyes.
Dentro de la rosca se coloca una figura del niño Jesús. Esto recuerda el momento en que María y José lo ocultaron para protegerlo de la persecución del rey Herodes.
Quien encuentra al niño en su rebanada se convierte en el padrino y debe invitar tamales el 2 de febrero, Día de la Candelaria. Así, la tradición se convierte en un juego de unión y compromiso comunitario.
La Rosca de Reyes no es solo un postre: es un símbolo de fe, esperanza y convivencia que cada año une a familias en México y el mundo.