El procedimiento es sencillo:
- Se toma un huevo fresco.
- Se pasa por todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, en movimientos circulares.
- Después se rompe en un vaso con agua y se observa su interior.
Las señales más comunes son:
- Burbujas pequeñas: indican envidias o malas vibras.
- Formas extrañas en la clara: reflejan cargas emocionales o conflictos.
- Yema oscura o con manchas: se interpreta como energía negativa intensa.
- Olor fuerte: posible presencia de “mal de ojo” o brujería, según la tradición.
Cada señal es vista como un mensaje del estado energético de la persona.
Más allá de la interpretación mística, la limpieza con huevo funciona como un acto simbólico de renovación y tranquilidad.
Pan de muerto; de ritual a tradición