Se trata de un virus transmitido principalmente por roedores, a través de su orina, saliva o excremento. Las personas pueden contagiarse al inhalar partículas contaminadas, especialmente en espacios cerrados o poco ventilados.
Los síntomas iniciales pueden parecer gripe: fiebre, dolor muscular y cansancio; sin embargo, en casos graves puede afectar los pulmones y volverse peligroso si no se atiende a tiempo.
Aunque no es común, la clave está en la prevención: evitar el contacto con roedores, mantener limpios los espacios y ventilar adecuadamente.