¿Sabías que la música que eliges durante el ejercicio no solo motiva, sino también regula tu cuerpo? Estudios demuestran que los ritmos rápidos estimulan tu sistema nervioso simpático, elevando la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Géneros como el EDM, el rock o el reguetón intenso pueden aumentar tu energía, pero también tu nivel de estrés.
En contraste, sonidos más lentos como jazz suave o música clásica activan el sistema parasimpático, ayudando a reducir el ritmo cardíaco y la tensión. Además, entrenar con música adecuada no solo mejora el rendimiento físico, sino que disminuye la percepción de fatiga.
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